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Dejar tu tierra para montar un negocio en Ámsterdam: dos historias de éxito italianas

Barriolink visita Ámsterdam y descubre cómo la cocina italiana y calabresa está conquistando el norte de Europa. Dos modelos de negocio que funcionan: Sila y Pasta Paradijs.

Barriolink esta semana ha volado a Ámsterdam para echarle un vistazo al ambiente de la ciudad holandesa. Las tres primeras cosas que notas son sin duda los precios desorbitantes (saladísimos para nosotros, los europeos del sur), los miles de bicicletas enloquecidas que amenazan con atropellarte y una oscilación térmica que haría temblar al desierto de Namibia.

Nuestro tour comenzó con el Albert Cuyp Markt, una interminable calle dedicada al street food muy viral en las redes sociales. Desde el primer impacto entendimos cómo el food es uno de los sectores emblemáticos de la ciudad. La densidad de bares y restaurantes es realmente altísima en cualquier calle de este antiguo barrio obrero. Hoy se ha transformado en un barrio de moda, un poco como Gràcia, gracias a la presencia de estudiantes, nómadas digitales, startupers, artistas y familias hipsters de distintas nacionalidades.

Pero el food no se limita al Albert Cuyp Markt, ya destino imprescindible para todos los viajeros que buscan inspiración sobre Ámsterdam viendo vídeos de influencers en Youtube y otros canales. El food ocupa de media el 50% de cualquier straat, señal evidente de cómo la ciudad es frecuentada cada año por 20 millones de turistas, y de cómo los locals se sienten atraídos por cualquier tipo de cocina, desde la indonesia y la surinamesa hasta la francesa y la italiana, sobre todo para amortiguar los litros de alcohol que ingieren durante el día.

Tras visitar casi todo el barrio De Pijp, nos desplazamos hacia el Diamantbuurt, una auténtico oasis de paz, donde se fusionan la cultura árabe y la holandesa. Árabes, estudiantes y expats han colonizado progresivamente este barrio que albergaba a los obreros que tallaban diamantes entre los años 20 y 30, integrándose perfectamente con los locals que frecuentan las peñas del Ajax. A lo largo de la calle principal visité una bocadillería llamada «Sila. Panini di Calabria». El modelo de los 4 chicos que gestionan el local, muy bonito y cuidado a nivel de diseño, es muy similar al del brand «Compa». Una carta súper reducida con 8-9 sándwiches gourmet, en perfecto estilo silano y con productos típicos de la provincia de Cosenza.

¿Funciona? No fui indiscreto con las preguntas, pero viendo los pedidos que llegan por Glovo creo que el negocio va de maravilla. Exportar la cocina local calabresa — como podría serlo la del País Vasco o la de la Provenza — al norte de Europa es una apuesta casi siempre ganadora. En países donde la cocina local tiene una tradición menos codificada e identitaria respecto al sur de Europa, la creciente demanda de productos auténticos y gourmet y el alto poder adquisitivo de los residentes crean la combinación perfecta para quien exporta algo genuino. Obviamente, como en cualquier actividad empresarial, se necesitan productos y servicios de altísima calidad, además de inversiones tanto a nivel de marketing directo como indirecto. Las reseñas en Google Maps son fundamentales y hay que mantener el listón muy alto para mantenerse entre los recomendados, dada la altísima competencia y las altas puntuaciones medias de todos los negocios gastronómicos.

Al día siguiente visitamos el Vondel Park, en el barrio de Oud-Zuid. Un sitio increíble, uno de los pulmones verdes de Ámsterdam, espectacular para cualquier tipo de público. A la salida del parque me estaba desmayando de hambre y buscaba un sitio italiano. Buscando en Maps me encontré con Pasta Paradijs, con un 4.8. Una experiencia alucinante y un lugar espectacular. Rosticceria sarda con mesa rectangular compartida. También aquí el personal fue amabilísimo, y hubo un concierto improvisado de un grupo sardo que, habiendo perdido un vuelo para un concierto, improvisó una jam session en el local. También aquí el modelo es ganador: muchos clientes sentados en la mesa compartida, diversos pedidos por Glovo y mucha gente que compraba para llevar los numerosos platos de pasta italiana. Además de la calidad del producto, un valor añadido lo da también la posición estratégica y el alto flujo de personas que frecuentan esa intersección.

También para Pasta Paradijs valen las mismas consideraciones que para La Sila: exportar buena cocina al norte de Europa funciona como modelo de negocio y es una herramienta capaz de generar empleo más allá de las propias fronteras. No hace falta ser el Antico Vinaio para crear un negocio ganador, solo hay que crear pequeños modelos exitosos en contextos multiculturales como Ámsterdam, Londres, Copenhague o Berlín. Detrás de la construcción de estos modelos hay personas que tienen el valor de arriesgarse, de abandonar su tierra y ponerse a prueba. Detrás del éxito de estas actividades empresariales hay skills y un notable esfuerzo por conectar con un público que no habla tu mismo idioma.

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